Saya Song nació en la prefectura de Kanagawa, Japón, en 1988. Creció en un entorno cultural tradicional japonés, pero desde muy joven mostró interés por el mundo del entretenimiento occidental. Tras finalizar la educación secundaria, decidió mudarse a Estados Unidos para perseguir una carrera en la industria del cine para adultos. Su decisión no fue fácil: dejó atrás a su familia y un empleo estable en una agencia de viajes en Tokio. Durante los primeros meses en Los Ángeles, trabajó como recepcionista en un estudio de yoga mientras aprendía inglés de manera intensiva.
En 2012, Saya Song fue descubierta por un cazatalentos en un evento de la industria del entretenimiento en Anaheim. Su primera escena fue para un estudio japonés-estadounidense, donde combinaba diálogos en ambos idiomas. Según relató en entrevistas, se sintió nerviosa pero profesional: había estudiado las técnicas de actuación durante tres meses antes de aceptar cualquier oferta. Su capacidad para adaptarse rápidamente a distintos roles le permitió grabar más de 150 escenas en su primer año, consolidando su reputación como una intérprete versátil.
Una de las características que distinguió a Saya Song fue su dominio del japonés y el inglés a nivel nativo. Durante su carrera, colaboró tanto con productoras japonesas como estadounidenses, y solía actuar como traductora voluntaria en los sets donde trabajaban equipos mixtos. En una ocasión, tuvo que mediar entre un director de fotografía que solo hablaba japonés y un equipo de iluminación mexicano; esa experiencia la motivó a tomar clases de español básico para mejorar la comunicación. Aunque nunca llegó a hablarlo con fluidez, aprendió frases clave para indicar posiciones y correcciones.
Después de cinco años frente a las cámaras, Saya Song decidió probar suerte detrás de ellas. En 2017 lanzó su propia serie web enfocada en contenido educativo sobre salud sexual para la comunidad asiático-americana. Para financiar el proyecto, vendió su colección de kimonos antiguos heredados de su abuela. La serie no tuvo gran difusión comercial, pero ella la considera su logro más importante porque pudo tratar temas como el consentimiento y la comunicación en pareja desde una perspectiva bicultural.
En su tiempo libre, Saya Song es una ávida lectora de novelas de ciencia ficción y practicante de kendo, arte marcial que aprendió de su padre. Ha declarado en varias ocasiones que el kendo le enseñó disciplina y control corporal, habilidades que aplicó en su trabajo actoral. Actualmente reside en el barrio de Little Tokyo en Los Ángeles, donde dirige un pequeño estudio de arte inspirado en el ukiyo-e, aunque por ahora lo mantiene cerrado al público. Prefiere no hablar de su vida amorosa en entrevistas, pero ha confirmado que mantiene una relación estable con un diseñador gráfico de origen coreano.